LOS TRABAJADORES DEL CAMPO AYER Y HOY.
Por Andrés Correa
La problemática de los trabajadores del campo no es reciente, se puede rastrear desde sus inicios en Estados Unidos y en el mundo entero su permanente vulnerabilidad. Las reivindicaciones sociales por parte de diversos sectores en diferentes momentos históricos han matizado cada una de estas luchas en las cuales se han conseguido algunos resultados. Sin embargo, es notorio como el conjunto de garantías que parecen haberse consolidado en el tiempo, se desvanecen poco a poco en el imaginario popular y en los procedimientos jurídicos y políticos que rigen las sociedades.
Un caso notorio lo podemos ubicar en Estados Unidos, país considerado comúnmente como emblema en la protección de las libertades individuales, al momento de revisar los procesos en su historia reciente en función de los trabajadores del campo. Aquí aparece la figura de Cesar Chávez como un líder visionario y defensor de los derechos de los trabajadores, sus reivindicaciones se orientaron alrededor de la mejora en las condiciones laborales de los mismos, en términos de salarios, seguridad laboral y protección médica entre otros.
Sin embargo, después de 17 años de su muerte se puede preguntar, ¿Cuáles son las condiciones sociales y laborales de los trabajadores del campo hoy? O ¿Cómo se han transformado en el tiempo histórico los procesos de inclusión social de los trabajadores del campo en Estados Unidos? Las repuestas a estas interrogantes parecen sencillas, en cuanto a que el análisis objetivo apunta a que estas condiciones prácticamente continúan inmutables, esto es, que se evidencia una marcada precariedad en indicadores dirigidos a variables como: la educación, el acceso a seguros médicos, la vivienda y la seguridad laboral. Solo como ilustración de esta continuada precariedad en las condiciones de los trabajadores del campo, se pueden mencionar tres momentos en los cuales se registran posiciones de reivindicación por parte de Cesar Chávez en las décadas de los sesenta y los setenta, hechos que se pueden contrastar con lo que se vive hoy en el año 2010.
Como primer ejemplo; en el período comprendido entre 1942 y 1964 se desarrolla el programa de cooperación entre México y Estados Unidos, el cual fue conocido como el “Bracero Program” (el programa Bracero) aquí se fijan una serie de procedimientos para la vinculación de inmigrantes Mexicanos a trabajar en los campos Norteamericanos, esta incorporación laboral de nueva mano de obra en el mercado Estadounidense es cuestionada por Cesar Chávez, quien concibe como este acuerdo degrada las condiciones laborales de la población radicada, al incorporar una nueva mano de obra con salarios mucho más reducidos, dicha situación posteriormente genera una competencia hostil entre los antiguos residentes y los recientemente llegados. A pesar de que estos eventos se presentan hace más de cuarenta años, la desigualdad aun persiste, irónicamente protagonizada por los mismos actores sociales, esto es, una población norteamericana radicada y una nueva oleada migratoria proveniente de manera significativa de México.
Un segundo ejemplo, se puede ubicar para 1973 en donde se emiten por parte del gobierno norteamericano, un conjunto de sanciones para aquellos patronos que contraten mano de obra indocumentada, esta situación genera numerosas reacciones entre las cuales se encuentran las de Cesar Chávez y el sindicato nacional de trabajadores, quienes entran a cuestionar estas medidas como arbitrarias y amenazantes con los trabajadores inmigrantes que no han resuelto su estatus legal. Estas posiciones fortalecen los distintos mecanismos de presión por parte de las organizaciones sociales y sindicales, las que posibilitan más adelante a nivel nacional, la amnistía a inmigrantes indocumentados, en el año de 1986.
Este hecho parece resurgir nuevamente con el mismo tono para el 2010, en donde se observa a una población inmigrante indocumentada de más de 12 millones de personas, muchas de ellas trabajadores del campo, perseguidos por el Gobierno con medidas que criminalizan su estancia en el país por ser considerados como “ilegales” y se vuelve a presentar como “novedad” jurídica la fórmula que penaliza a los patronos que contraten indocumentados. No obstante, los sectores más progresistas de la sociedad abogan por una nueva reforma migratoria, siendo esta una medida poco popular debido a las altas tasas de desempleo y a la disminución del poder adquisitivo en todo el país.
Como tercer ejemplo, para el año de 1988 se presenta el último ayuno de Cesar Chávez, aquí el líder sindical denuncia la presencia de pesticidas que contaminan los campos y afectan la salud de los trabajadores, esta acusación deja ver no solo la insalubridad en la realización de las actividades laborales, sino la ausencia en el acceso a servicios médicos básicos que tienen los trabajadores del campo. No es un secreto para la secretaría de salud a nivel nacional en Estados Unidos, los numerosos casos de enfermedades como cáncer, deficiencias respiratorias y lesiones de la piel, las cuales están asociadas a la presencia de químicos en la realización de las actividades agrícolas.
De igual manera, en el año 2010 es reiterada la exclusión de esta población en los servicios básicos de salud, en donde se sigue encontrando tan solo un pequeño porcentaje de trabajadores del campo que, teniendo un estatus migratorio resuelto, cuenta con una protección medica. Es evidente como los altos costos de los seguros médicos dificultan el pago de los mismos, ya que estos trabajadores ganan en la mayoría de los casos salarios por debajo de la media a nivel nacional. Así mismo, los trabajadores con un estatus migratorio no resuelto, que se encuentran trabajando en el campo no vislumbran por lo menos en la nueva ley de salud aprobada por el presidente Barack Obama una salida real para ejercer su derecho a la salud.
No obstante, la reciente proclamación presidencial del reconocimiento del día de Cesar Chávez el 31 de marzo a nivel nacional, puede mostrar nuevamente en la escena social las reivindicaciones de este líder cívico alrededor de los trabajadores del campo. Finalmente, será la historia la que juzgue si se da el paso de la enunciación, esto es, de la acción discursiva a la transformación real de estas condiciones en el campo, o mejor a la integración efectiva de estos trabajadores al conjunto de garantías y derechos básicos en esta sociedad.