
LOS TRABAJADORES DEL CAMPO ENTRE LA PARADOJA DE LA EXCLUSION Y DEL RECONOCIMIENTO EN USA.
Por: Andrés Correa
En países como Estados Unidos la paradoja entre el aislamiento y la solidaridad se hace notoria en cuanto define un conjunto de prácticas que deben enfrentar diferentes grupos de la sociedad, por ejemplo, los que emigran de otros países y trabajan en el campo norteamericano, esta paradoja ha sido claramente expuesta por Gerd Mutz[1], quien de manera perspicaz ha enunciado como frente a procesos relacionados con el trabajo en Estados Unidos, se observa por un lado un conjunto de prácticas y trayectorias laborales aisladas; polivalentes y fragmentadas, en donde las acciones están orientadas en función de intereses individuales, así como, de otro lado también se observa , un tipo de trabajo solidario y gratuito, el cual esta en estrecha sintonía con las necesidades de las comunidades.
De esta manera, es bastante reconocida la figura del “community work” el trabajo comunitario, esta práctica esta presente en todo el ciclo laboral de los trabajadores en esta sociedad y su fin principal es el de contribuir o fortalecer acciones tendientes al bienestar de las comunidades, generalmente las más vulnerables. Bajo esta figura de trabajo comunitario se hace frecuente la realización de actividades como las colectas de comida y dinero para personas con necesidades o la realización de eventos a favor de fines benéficos. Estas acciones se realizan durante todo el tiempo, pero se expresan con gran vigor en festividades como las de fin de año, en donde al parecer existe una mayor sensibilidad en la reflexión por parte de la gente común por el bienestar y la inclusión del “otro”.
En consecuencia, la presencia de estas actividades que son lideradas por empresas privadas, agencias del gobierno, agencias sin ánimo de lucro o personas independientes inundan las diferentes áreas del geografía norteamericana, por ejemplo, se registran acciones esperanzadoras como la del profesor Cain, en una escuela de secundaria en la ciudad de Wellington en el estado de la Florida, en donde este profesor con sus estudiantes se dan a la tarea de ayudar a tres familias de trabajadores del campo con asistencias básicas de comida, ropa y productos para el hogar. Se puede decir en términos generales, que este evento, sirve de manera práctica para asistir a estas familias con insumos básicos para su sobrevivencia, pero ante todo refleja el carácter solidario, positivo y afirmante de esta nueva generación en relación con los más necesitados, por ejemplo con aquellos que trabajan el campo en Estados Unidos.
En conclusión se puede pensar que frente a una tendencia individualista y de aislamiento en la cual se centran muchas trayectorias laborales y personales de muchos norteamericanos, también se gesta un conjunto de acciones más prometedoras, las cuales reivindican el sentido fraterno y de solidaridad hacia aquellos sectores sociales que evidencian mayores necesidades, razón por la cual se puede pensar en una construcción de futuro más optimista o porque no más humana.
[1] Véase la reflexión completa en Ulrich Beck (2000): “El fin de la cultura de la caravana”. un nuevo mundo feliz. México. Editorial Paidos.
Me parece muy interesante la reflexión, desde la perspectiva de la generación de nuevos valores sociales nacientes en la sociedad norteamericana, que contrastan con el materialismo e individualismo que comúnmente se le adjudica a esta sociedad.
Si el trabajo en términos de su relación con los sistemas de producción tienden a cambiar, debido a la gran influencia de la tecnología, que ha desplazado y seguirá desplazando a miles de trabajadores, paralelamente se debe de estar creando nuevas opciones de trabajo pero ya no tan ligado al sistema de producción sino un trabajo mas influenciado por la conciencia social y política de los individuos, los cuales están empezando a encontrar sus banderas en problemáticas como el medio ambiente, los derechos humanos, la paz global entre muchos otros temas.